viernes, 30 de enero de 2009

Crónica insular para náufragos (I)


No debería quejarme. Decidí crear un blog en una isla. Y una isla tiene lo que tiene: está rodeada de agua. Agua metafórica, pero agua. Y uno está sólo en su isla. Metafóricamente sólo. Sólo y rodeado de agua. Sólo no, están las iguanas y están los cangrejos y tortugas, animales listos e inteligentes en su terreno. Estaban antes de que yo decidiera venir y con seguridad estarán cuando decida abandonar este lugar. Éste es, a fin de cuentas, su lugar. ¿Es el mío? Decidí habitar la isla y ponerle nombre para situarla en mi cartografía vital. Soy un intruso, un marinero encandilado por el canto de sirena tropicodigital que huye de las luminarias y artefactos de la gran ciudad ¿Qué importa eso? ¿De qué sirve ponerle un nombre a algo que pesa menos que el aire? ¿Podría escribir para recibirme a mí mismo como spam? ¿Cómo sé que la realidad es real? Sin espectador no hay obra de arte. La mirada construye, reconstruye, termina la obra. Sin miradas no hay arte.

Y sin embargo, eso hice. Poner un nombre y habitar-construir-imaginar un lugar de ese inmenso océano digital de lugares y no lugares que es internet.¿Es internet un lugar? ¿un no-lugar? Ya expliqué por qué lo hice. Necesidades que se tienen. Escribir -de un tiempo a esta parte- se ha convertido en una necesidad, como antes la tenía de embadurnar cuadros. Necesidad compulsiva de contar historias, como otras personas tienen -tambien yo- de poner imágenes, de poner vídeos, de poner arte, de conectar con gentes, con grupos, con multitudes de perfiles y de cuentas de gmail, tuenti, facebook, Messenger, twitter, blogger,…. ¿Necesidad? ¿ A quién le importa, mas allá de ultramar, que yo tenga una necesidad? A las iguanas o las tortugas, tal vez. Llega un momento en que las necesidades se reducen a lo esencial. Te levantas y te sorprendes de seguir vivo, de lo que eres capaz de luchar por seguir vivo. Daría igual tener sólo papel y bolígrafo y escribir haikus cada día. Daría igual escribir un diario o no. Incluso el valioso papel (en situaciones de urgencia evacuatoria) correría peligro. Lo esencial sería llenar el tiempo a la vez que me vacío de lastre continental.
Pero en una isla ¿Cómo lo hago? ¿Tiene sentido? Podría intentar crear una red social entre las tortugas y las iguanas, hacerlas partícipes de la revolución digital, de los importantes cambios sociales y tecnológicos que se avecinan. Les hablaría del calentamiento global y de la capa de ozono. Les contaría miles de historias de cómo nuestro mundo en tierra firme está cambiando, les hablaría de internet, del mundo digital, de la blogosfera, del wi-fi, de las facturas de móvil, del spam, de los virus, de tarifas planas y de alta definición , del software libre y de la brecha digital….¿Le encontrarían sentido?

No me extraña que los barcos (esas visitas fugaces que registran los contadores) se alejen: esta isla puede que no tenga nada, que no sea nada. Hasta es posible que ni exista en sus mapas. Y si no está en los mapas no es escala, no es ruta, no es destino porque no existe, al igual que si no sales en el telediario o no te aceptan como amigo en facebook, tampoco existes. Si no te llaman a todas horas al móvil o no te envían 5 sms por minuto, tampoco existes. Si te quedas sin saldo o sin cobertura, tampoco existes. Si no te mandan un powerpoint “al por mayor” de esos de paisajes espectaculares o
frases célebres o de buena intenciones por navidad… tampoco existes. Puedo gritar, subirme a una palmera o encender una hoguera y preguntarme si brillan las estrellas cuando no las miro. Da lo mismo, no existo. Y si no existo, no debería quejarme. Sería una simple queja, una queja inexistente.
(Ilustración:fotografía de mi serie de "Poemas visuales")

8 comentarios:

iulius dijo...

Me habían llamado de todo menos iguana :O). Si no me parezco a Iggy Pop ni nada. Un saludo digitalycual.

Chelucana dijo...

Aquí una tortu. Que asoma la cabeza cuando te ve escribir. Que sonríe cuando miras a las estrellas. Que avanza unos pasos a observar los barcos que se acercan. Que regresa al islote de pan, para contemplar tu inspiración y descuidada indiferencia hacia lo que sucede alrededor. Y se repliega en su caparazón si levantas la mirada y oteas desde la cima.

Parecería roca, pero soy tortuga silenciosa en tu ínsula.

Manuel dijo...

No se me enfaden, estimad@s náufrag@s, Iulius y Chelucana. Y gracias por responder a la canción del marinerito insular. Hablamos de tortugas e iguanas metafóricas. Habitantes o pobladores a fin de cuentas. Seres vivos de los que nos separa muy poco en lo que respecta a sus genotipos. No sé si cada cual llevamos dentro un animal-tótem como los aborígenes australianos o los indios Navajo de Norteamérica. Ya veo Chelu, que la tortuga podría ser tu tótem.Y un buen tótem, además. Iulius:no pareces contento con tu iguana. Supongo que al menos, te guste "Iggy La Iguana".
Aunque en la metafórica isla quedan mas pobladores: papagayos, albatros,colibrís, cangrejos y mariposas.

objetivopoetas dijo...

Me quedaré con la mariposa, que aunque fugaz toca el nectar y lo saborea.
Un abrazo enredado.

Montse dijo...

No si al final va a tener razón Berkeley cuando allá por el silglo XVIII dijo: "Ser es ser percibido". Qué cosas, sin tanta revolución electrónica e informática él ya se dio cuenta.

Por cierto, creo que pasas demasiado tiempo con Juanjo y se te está pegando su espíritu filosófico.

Para terminar, no estoy tan seguro que uno no sea o no exista porque los demás no lo perciban o no lo vean.

Un saludo, Montse.

Olga A. de Linares dijo...

Bueno, gracias a mi signo, puedo asumirme pez y así nadar, cada vez que se me antoja, hasta esta isla. Y encontrarme entonces con tortugas simpáticas y sonrientes, con iguanas que exhiben su buen humor, y otras criaturas que pasan y amarran un rato su barca en estas playas. Desde el agua le digo al marinerito que rara vez se está tan solo como se cree, y que en esta trama que llamamos vida, todos tenemos que ver. No sé si somos porque nos perciben, o si creamos la realidad al percibirla, pero el hecho es que, de un modo u otro, aquí estamos todos nosotros, yendo del mar a la tierra, de la tierra al aire, de lo virtual a lo real, mientras construimos nuestras islas. Y cuando todas se juntan, ¡nacen archipiélagos! Un abrazo pisciano

Manuel dijo...

Gracias Montse, Olga y Objetivopoetas por arrivar a la ínsula. Por cierto Montse, con este post sólo quería reflexionar acerca de las paradojas de la comunicación, de cómo las nuevas formas de comunicarnos (el móvil, internet,....) son también nuevas formas de incomunicarnos. Evidentemente existíamos antes de toda esta parafernalia digital y seguramente continuemos existiendo cuando toda esta tecnología actual quede obsoleta ante las nuevas formas de comunicarnos que están por venir.
También aprovecho para lanzar un cordial saldo y bienvenida a mi compañera de Minificcionario Olga A. de Linares.
Bienvenidos/as todos/as a Ínsula Dulcamara.

mjesusra dijo...

Tuuuut tuuuuuuuuuuut... Soy un barco que se aproxima y no se marcha. Excelente y deliciosa reflexión, real y virtual a la vez.