miércoles, 6 de mayo de 2015

La soledad del corredor de fondo


La soledad del corredor de fondo (The Loneliness of the Long Distance Runner), 1962. Dir. Tony Richardson basada en en un relato de  1959 de Alan Sillitoe del mismo nombre Con guión del propio Alan Sillitoe.  Rodada en un rotundo  blanco y negro,  con fotografía (excelente)  de Walter Lassally. Música de  John Addison.

No me perdono no haber visto antes esta película. Hace algunas semanas vi un pequeño  fragmento (la escena final)  en el 17 Festival ZEMOS98, a raíz  de Los acantilados de la ficción,  un paseo cinematográfico por el  Código Fuente Audiovisual de Belén Gopegui.  Fui a verla  ayer completa por el jazz de su banda sonora en un ciclo sobre Cine y Jazz organizado por la asociación cultural  Apolo y Baco,   pero me traje de regalo  un aprendizaje invisible y poderoso de la película, que ya pude atisbar en la exposición de Gopegui :  La voluntad  de poder  decidir , la voluntad de no  servir a los intereses de quienes deciden por ti y te dicen qué tienes que hacer para tener éxito en la vida,  la voluntad  de rebelarse contra una sociedad que te  encasilla  y minusvalora,  de  los métodos educativos, represivos y obsoletos con los que ésta intenta reeducarte y conducirte por el buen camino. La resistencia como arma y como estrategia de autoafirmación. Nada que no esté de rabiosa actualidad.

SINOPSIS: Finales de los 50.  Colin Smith es el protagonista, un  joven rebelde de los suburbios industriales y grises horizontes  de Nottingham,  confinado en un duro reformatorio por robar en una panadería de su barrio, porque la ira y la frustración siempre acaban necesitando válvulas de escape, y eso no suele traer nada bueno..  Su única salida es   correr, algo que lleva haciendo toda su vida, pero esta vez no para escapar ("Me cogieron porque no corrí lo suficiente", decía Colin en un pasaje)  sino para ganar la carrera de larga distancia que todos los años se disputa entre el reformatorio y una escuela privada (y rica)  de la ciudad. El director de la institución está obsesionado con ganar esa carrera y hace sentirse al rebelde Colin como un privilegiado para motivarlo,  concediéndole favores, lo que hace que sus propios compañeros del internado recelen de él como el "protegido" del jefe. Hará todo lo posible para conseguirlo porque cree tener el poder de ganarse a las personas con su privilegiada situación de dominio psicológico y social como director del reformatorio y como representante del "poder".  Cree que lo ha convencido  de que "ganar" es su meta y su "redención" social. 

Y lo convence,  aparentemente...

Colin Smith está llegando a la meta. Tiene la carrera ganada. Todo el mundo lo ve, lo celebra, lo jalea ...

El director del reformatorio se frota las manos con "su" triunfo deportivo y pedagógico. Pero el agotamiento emocional de Smith es extremo y la cabeza del corredor de fondo de la vida se pone a funcionar para sacar fuerzas de flaqueza: recuerda su pasado, quién es, de dónde viene... pero, ¿a dónde va?  El ya no es ni quiere ser  ese joven ideal que sueña con trofeos,  bailes,  coches y chicas. ¿Tiene que correr para eso? 

¿Por qué alcanzar una meta que él no se ha propuesto? Mientras corre empieza a comprender lo que tiene que hacer,  va haciendo pequeñas paradas y toma aliento entre el vocerío que  le  espera a pocos metros de la meta.  Ahora él y nadie más decide si ésa es su meta y si tiene que alcanzarla para disfrute de quienes le han confinado como desecho humano que se debe reeducar. Ha elegido el camino más difícil que es pararse y pensar en el sentido de ganar. Ha elegido la resistencia como arma. Es Smith y es un corredor de fondo...


domingo, 15 de marzo de 2015

Los zapatos imaginarios de Shaw


Hace tiempo que ya no escribía por aquí. En verdad hace tiempo que "ya no" de  muchas cosas.  Como casi siempre sucede por estos lares medianiles de la vida,  uno hace o siente  las cosas sin saber si realmente tienen sentido.  Como escribir esta crónica, por ejemplo.   Ayer fui a visitar un museo,  un museo de arte moderno de esos  que  cuesta distinguir el mobiliario de las obras de arte. Y además,  ubicado en un antiguo monasterio cartujo que luego fue una reconocida fábrica de cerámica sevillana.  Al salir noté que había andado mucho, demasiado.   Hace unos días   también una pareja de  amigos del trabajo  me contaba que se habían pateado  los Uffizi  y otros museos y galerías de Florencia ...y una cosa me llevó a la otra,  a recordar algo que una vez le leí a Bernard  Shaw acerca de  que  alguien debería inventar unos zapatos especiales para visitar museos.. 

"Zapatos"  (1888)  Óleo/tela,  Vincent Van Gogh 

Y en verdad no estaba equivocada la senda de Shaw ,  tal vez sería buena idea alquilar junto a las audioguías  unos zapatos inteligentes tales que te  lleven en volandas  por los laberintos  del arte. Porque el arte se las trae y hay que  encajarlo  a veces con un gran  calzador. Y si no,  que se lo digan a esos miles y miles  de turistas estivales  que se agolpan  cada mañana a las puertas del Louvre, el MoMA o el Vaticano. Y más si pensamos que un  gran parte de esos turistas colectivos son contrarrelojistas culturales  que tienen el tiempo marcado a fuego  por las visitas guiadas  y que el número de visitas que pueden llegar a hacer en un día solo es cuestión  de plusmarca cultural y deportiva,  avalada  por cien megas de tarjeta en  cientos de fotos y no pocos kilómetros de museos recorridos. 

Detalle de  El modelo rojo (1935-1936) de René Magritte


Como hace tiempo que no escribía … ya me estoy perdiendo.  ¿Por dónde andaba?  Ah, si…calzándome  los imaginarios zapatos de Shaw.  Unos zapatos tales que  harían posible el milagro de hacerte  contemplar  en un par de horas  y sin fatigas diez  intensos siglos  de arte, con varios  bonus  track  tal vez para arañar unos minutillos más  para  engullirse con los ojos a La Gioconda o al Guernica de Picasso, eso sí, siempre en grata y abultada compañía de plusmarquistas culturales ávidos de records .  Eso sin contar que  se pierde un tiempo valioso si  encima el guía te recomienda mirar Las Meninas con un espejo  (que casualmente lleva uno  bien grande  en el bolsillo,  todo un detalle)  y entonces tú,  seducido por la curiosidad,  por un momento formas parte del cuadro en un juego cruzado de miradas  entre los personajes del cuadro, el espacio  y los  observadores  que se sienten a su vez  observados por los personales  del cuadro  y  donde siempre hay un daño colateral:   tu preciado y escaso tiempo.

"Polvo de diamante" (1980)  Serigrafía de Andy Warhol


Unos zapatos que resistan las idas y venidas,  adelante y atrás del cuadro hasta que  llegues a  averiguar ( porque la audioguía  te está retando  y a ti,  vamos,  los retos no se te resisten porque por algo eres  un auténtico  plusmarquista cultural)   que el caballero aquel  escondido  tras una columna al fondo,   casi en las bambalinas del cuadro Las Bodas de Caná,  es el propio pintor , vamos,  el mismísimo Veronese que viste  y calza (y pinta, por supuesto) .  Y encima te vas y no sabes quienes eran ni dónde estaban  los novios de la susodilla boda entre tanto gentío,  que ya les vale  -piensas-  como buen plusmarquista cultural,   con la crisis  que hay ahora como para montar un sarao como éste,  pagar el vino (no estará Jesús para convertirlo en caldo)  y encima terminas la visita y  nadie te dice que tardó en pintar el cuadro unos quince meses y que  por el  recibió como pago su  manutención durante todo ese tiempo y un barril de vino,  además de unos 324 ducados de oro  y que también  que sus  potentados  pagadores (los monjes benedictinos de Venecia)   le exigieron  que  parte de   ese dinero lo invirtiera  en que los cielos  y cierta proporción de los ropajes  fuesen pintados con el preciado y "celestial"  azul ultramar, a razón de 18 ducados la libra de pigmento.  Ahí es nada, que para eso lo traía de las indias de ultramar. Para colmo la obra permaneció durante muchísimo tiempo en el refectorio del monasterio hasta que Napoleón la confiscó en sus cruzadas llevándola a Francia donde se expuso en la primera planta del museo del Louvre.   Antonio Canova, un reconocido escultor neoclásico de origen veneciano,  negoció la devolución de muchísimas obras expropiadas por Napoleón  pero convenció al gobierno italiano para que la obra se conservara en el Louvre,   aunque con el tiempo ésta fue devuelta definitivamente a su  ciudad de origen, Venecia. 



"Las bodas de Caná"  de Paolo Veronese

Pero volvamos, volvamos  de nuevo a  esos  zapatos que  diligentemente  intentarán evitar que  al salir tengas una confusa mezcla  y ya no saber,   tras comprar postales  y alguna camiseta para los compromisos de regalos,   si aquella Venus era de Rubens o Tiziano,  o si la Torre de Babel era de Brueguel  el Joven,  el  Viejo o el de en medio, que seguro que también  pintaba ,  o si a aquella   Venus de Milo   le faltaban los brazos, las piernas o la cabeza o si era de mármol blanco o pintada  de exuberantes  y carnales colores.   Es como cuando ahora tienes que sufrir el suplicio televisivo de ver una película salpicada de pausas para los anuncios y llega un momento que los actores de la película se han metido en los anuncios y viceversa,  o pasas  de una película a otra o  a un documental casi sin darte cuenta. 
Como expresaría el gran Andrés  Rábago ( alias El ROTO)  en una de sus lúcidas  viñetas “¡Qué claridad de confusión ¡”



Al  final,  el  plusmarquista cultural termina reduciendo su visita  turística   a las obras que ya ha visto reproducidas mil veces en los libros de arte  o en  la guía de la ciudad.   Del Louvre te quedas con La Gioconda, la Victoria de Samotracia o la Venus de Milo.  Del Prado, inevitablemente las Meninas de Velázquez,  el Dos de Mayo de Goya  o  Jardín de las Delicias de El Bosco.  Debes verlas porque si no las ves te dirán que para qué vas a Louvre o al Prado. Y  por si alguien aún  no te cree,  pues entonces te haces el selfie como prueba irrefutable de que, sí, efectivamente,  estuviste allí ...



 El caso es que muchos museos necesitarían toda un vida entera  para recorrerse pues  siempre hay algo que descubrir,  algo que la última vez pasamos por alto,  tal vez  algunas de esas piezas u obras menores  o de artistas desconocidos que quedaron eclipsadas  por el imán y fulgor de las grandes obras maestras. Para quienes están receptivos  a estas sorpresas  estas obras menores les dicen mucho más a su sensibilidad que las “all star” del museo. 




Mientras tanto no  se inventen estos maravillosos zapatos imaginados por Shaw lo mejor es no abusar y visitar solo aquellas salas que tus sufridos pies y tus ojos puedan soportar para que las interferencias  no perturben  nuestra  experiencia estética.  Aún recuerdo la borrachera visual   y  la fatiga mental  de mis  primeras  estancias en la Feria de ARCO.   No he conservado  casi ningún momento especial  de aquellos maratones de arte,   pero sí del impacto de ver casi en solitario  aunque fuesen unos cuantos minutos cuando las pocas visitas ya habían salido,   las Cuevas de Altamira  o algunos soberbios  Caravaggios  escondidos en las iglesias de Roma.  


A propósito de zapatos,  antes al poner  en esta entrada un cuadro de  las botas  de Van Gogh (un autorretrato en toda regla)   me he acordado  del  museo Wallraf-Richartz, que  fiel a su  filosofía expositiva,  organizó una exposición única y exclusivamente con otro de los famosos cuadros de Van Gogh,  sus "Par de botas viejas",  que lo ubicó en solitario  en una sala vacía.  Los expertos opinaron  que el objetivo de dicha estrategia era generar que el público reflexione y profundice sin interferencias  sobre ciertas obras. Mediante el aislamiento de la pintura en una galería y enfatizando su importancia a través de programas creativos, el museo tiene como objetivo que los visitantes se cuestionen sobre las grandes preguntas que la obra plantea: ¿por qué Van Gogh pintó dos zapatos viejos?, ¿de quién eran estos zapatos y qué podrían significar, antes y ahora?, ¿Cuál es la relación del arte con la realidad?, ¿Hasta qué punto la interpretación es siempre subjetiva?, ¿Cuál es el propósito del arte? ¿Qué  dirían  de  nosotros nuestros viejos zapatos pintados?

Par de botas viejas, Vincent Van Gogh 

En definitiva,  no se llega a Botticelli por el camino de Zurbarán o a Goya  tras fundir todo el arte gótico.   No se llega  a ningún sitio sin antes  disfrutar de los imprevistos  del viaje  … como decía Proust en algún pasaje de En busca del  tiempo perdido :   El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos caminos sino en tener nuevos ojos.  Y nuevos zapatos,  añadiría Shaw.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Vive tus sueños


Hace algún tiempo publiqué por estos lares  un post que tenía por título  Cuando las imágenes tenían magia. Y viene al  caso porque ayer  estuve precisamente  en un festival de magia con actuaciones estelares de varios magos e ilusionistas. Y me ha hecho especial ilusión que se haya incluido como acto de "magia" un espectáculo en directo de "sand art" como el de Felipe Mejías.  No es la primera vez que hablo aquí del sand art. Tiempo atrás  reseñaba el trabajo de otra gran artista de Sand Art:  Kseniya Simonova. Y también y en relación con la arena, el arte chamánico de los indios navajos.

 El "Sand Art" o Arte de arena consiste en una forma de arte donde se cuenta una historia esparciendo y manipulando arena en una caja de luz proyectada en una o varias pantallas junto a una música de fondo que articula el ritmo visual de la historia.

Volviendo al festival de magia, tenía a mi lado un chico de unos 6 años y pude ver cómo andaba fascinado con (la magia de) las manos que se movían, generaban con arena las imágenes y contaban una pequeña historia de fantasías y sueños. Tanta magia el hacedor de imágenes como los que antes, magos e ilusionistas, sacaban palomas y peceras bajo el pañuelo, te adivinaban una carta imposible o se hacían aparecer/desaparecer/atravesar dentro de una caja .

Actos de magia. Ilusiones.

La actuación terminaba con una frase escrita en una bandera que decía "Vive tus sueños" (Vis tes rêves en el vídeo de arriba).
Curiosamente, esta misma mañana visitando unas  conocidas cuevas cántabras con pinturas rupestres, también el guía ha hablado de ritos prehistóricos, de arte y de magia. Y también había infantes que, al terminar la visita, jugaban a descubrir nuevos animales y monstruos en las formas (y sombras) de las piedras.

Actos y arte de magia. Sombra y luz. Ritual.

Y volviendo a la luz del presente y pensando en los ritos navideños que nos tocan en estas fechas, no es éste un mal deseo para el año que viene y todos los que le siguen, aunque difícil nos lo van a poner siempre por una cosa o por otra.
Así que, más que unas felices fiestas, les deseo desde esta Ínsula Dulcamara que vivan (la magia de) sus sueños y luchen en lo posible por ello.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Jason Padgett, un genio "savant" por accidente



Hay historias sorprendentes. La de Jason Padgett es una de ellas, digna como la que más de formar parte de mis crónicas insulares y de  mi querido Museo Imaginario insular. Quién se lo iba a decir,  Jason era un muchacho normal, mal estudiante, amante del gimnasio, de las chicas   y un tanto juerguista, como muchos de su edad.  Trabajaba en una tienda de colchones en Tacoma y una noche si y otra también  al terminar su turno, solía irse de juerga con los colegas  por los bares de la ciudad portuaria. Hasta ahí todo normal .Hasta que una  desgraciada noche y sin mediar palabra, unos tipos lo esperaban a la salida de un bar, lo echaron al suelo, lo patearon y le dieron una paliza para robarle su cazadora de cuero. Fue tan brutal la paliza que tuvieron que ingresarlo con traumatismo craneoencefálico grave. Cuando despertó del coma, se había convertido en un genio de las matemáticas. Así de sorprendente es la vida y los entresijos de nuestra mente.











Jason Padgett se convirtió de la noche a la mañana en un "savant", una de esas personas  rara avis que tienen unas habilidades mentales sorprendentes,  como desarrollar una memoria fotográfica de nombres  y lugares o  una impresionante habilidad para el cálculo matemático o la música . La mitad de ellas padecen autismo y la otra mitad desarrollan esta rara habilidad a raíz de un traumatismo o una enfermedad,  como el caso de Padgett. Otras como la de Kim Peek han sido incluso llevadas al cine ¿Quien no recuerda al gran  Dustin Hoffmam bordando su papel de autista en  Rain Man?

Si  se pudiera ver el mundo a través de los ojos de Jason Padgett posiblemente tendrías frente a ti una imagen de perfección, de orden, de la estructura que se esconde detrás de los detalles más nimios. Somos víctimas de las cosas, de su violenta unicidad, pues somos incapaces de ver la armonía geométrica del universo frente a nosotros. Debido a aquel  brutal ataque Jason ha sido capaz de ver estos patrones allá por donde va.   Este cambio de percepción es, en el fondo y según dicen los expertos,  el "síndrome de los savant",  un cambio en la estructura de su cerebro que le permite desarrollar esa alucinante habilidad mental, como la de Stephen  Wiltshire, apodado  como "la cámara humana o la cámara viviente ",  por ejemplo, capaz de dibujar de memoria hasta el más mínimo detalle una vista aérea de una  ciudad completa ( aunque nunca haya estado antes)  con solo sobrevolarla una media hora en helicóptero.

Jason en acción dibujando uno de sus complejos entramados fractales

Jason no sólo tuvo la suerte de sobrevivir, sino que su cerebro fue, utilizando un conocido término informático,  completamente reseteado, volviéndose un supercomputador capaz de realizar y de entender complejos cálculos mentales.  No puede evitar contarlo todo, nunca masca chicle para evitar contar el número de mordidas que le está dando. Si se cepilla los dientes tiene que pasar el cepillo por el agua 16 veces. No sabe por qué, simplemente es un número que tiene grabado en su cabeza. Sin embargo, trata de no preocuparse mucho por estos detalles, de no pasar horas descifrando patrones geométricos en el flujo del agua o en los rayos de sol que se rompen al pasar por las hojas de los árboles, simplemente se divierte descubriendo la geometría oculta de las cosas. Cada número le hace surgir una imagen, un patrón nuevo, una forma que hace surgir nuevas formas, cuando cada forma es la semilla de un fractal. Para Jason todo son fractales, todo es el reflejo de esta estructura inacabable .Jason no necesita una calculadora para saber, por ejemplo, que el Teorema de Pitágoras es exacto, sino que puede ver cómo se manifiesta en la geometría de cualquier edificio o cualquier árbol o en la concha de un caracol.

Quantum Sea Shell

El caso es que Padgett ha adquirido cierta sinestesia: ve formas  geométricas en todas partes  y las dibuja meticulosamente a lápiz, regla y compás, nunca antes había sido capaz de dibujar y menos de ser una eminencia en las matemáticas, sino todo lo contrario, un negado total para los estudios.  El universo habla en un lenguaje secreto y desde que Jason fue atacado violentamente por aquellos  asaltantes empezó a entenderlo a través  de los fractales.  Ya he hablado por  aquí  y por allá del fascinante mundo de los fractales y de las matemáticas de genios como Fibonacci  también, así que no es extraño que me llame poderosamente la atención la sorprendente  historia de Jason Padgett, un genio de las matemáticas... por accidente.






martes, 12 de agosto de 2014

Joyce, panteras y cometas frente a Ireland's Eye

Estas cinco fotos panorámicas las tomé no hace mucho  en los alrededores de  Dublín. Vistas así parecen lo que son:  cinco fotografías tomadas sin otro aparente propósito que el estético en un mismo día y lugar.  Pero es curioso como algunas fotografías intrascendentes de repente empiezan a encadenarse y a contar historias.



Como la de esta mole redonda o torreón. Estaba en un promontorio del cabo de Howth, enclave costero del Condado de Dublín.

Pero lo curioso es que dicha torre, como podemos comprobar en muchos rincones de Dublín, tiene una relación con James Joyce, el famoso autor de Ulises ( novela que reconozco que no me llegué a leer en su momento completa, aunque lo intenté en un par de ocasiones). A decir verdad , mientras escribía este post descubrí que no era esta torre en concreto sino  una muy  similar que se ve a lo  lejos, en la islita de Ireland´s Eye,  pero no adelantemos la historia ...



Desde ella había una espléndidas vistas de la bahía y del mar. Bahía por la que un día allá por el año ochocientos y pico entraron a saco los vikingos y fundaron una ciudad fortín,  lo que hoy se conocen como la ciudad de Dublín, nombre derivado de las voces irlandesas Dubh Linn, que significan "laguna negra", originada  al parecer por el estancamiento del río Poddle antes de desembocar en el río Liffey, una especie de ensenada fluvial al resguardo del oleaje donde atracaban y refugiaban sus barcos tras sus  míticas correrías y saqueos por media Europa.



Estaba muy próxima a un viejo cementerio irlandés  junto a una iglesia en ruinas (foto anterior) , con tumbas desperdigadas en el suelo, aparentemente abandonadas junto a otras recientes. Entre las cruces y las ruinas se veía el mar, el puerto ( de hecho muchas de  las cruces miraban también al mar, posiblemente de marineros irlandeses que murieron en el mar o vivieron de él) y la pequeña isla en primer término llamada "Ireland's  eye" en medio de la bahía , El ojo de Irlanda,  que tiene un especial protagonismo en esta historia, como se verá. En dicha torre, por lo que pude leer en un cartel que colgaba en las inmediaciones,  estaba ubicado un museo de radios antiguas que no llegamos a ver porque ya estaba cerrado por la tarde.



Imagen de la portada de la novela gráfica  "Dublinés" de Alfonso Zapico

El caso es que, ya a la vuelta de Dublín y  leyendo la novela gráfica "Dublinés" de Alfonso Zapico recomendada por mi amiga Chelucana,  me entero de que en Ireland's Eye hay una torre  muy similar que tiene un nombre y una historia:  Torre Martello de Sandycove , una de las muchas fortificaciones del estilo  repartidas a lo largo de la Bahía de Dublín construídas para prevenir un posible ataque de las tropas napoleónicas, que nunca llegó a suceder.  Posiblemente la torre de mi  foto fue en su momento una de estas fortificaciones, ahora reconstruida y reutilizada para el mentado museo radiofónico.

Ireland's  Eye desde  Howth Harbour, con la Torre Martello  en la punta de la izquierda | Imagen vía  dmoon1 en Flickr

Cuenta Zapito en un pasaje de su novela gráfica  (inspirada en la vida y la obra literaria de Joyce)  que la Torre Martello fue la residencia temporal en plan "okupa" de una peculiar comuna de cuatro jóvenes bohemios dublineses, juerguistas y borrachos, entre ellos -es fácil de adivinar-  un joven ansioso por ser un gran escritor irlandés llamado James Joyce. Se entregaban a la vida contemplativa, a discusiones literarias y políticas de todo tipo y sobre todo, a beber e irse de juega a los prostíbulos y pubs de la costa. Uno de sus amigos,  que sufría ciertos trastornos psicológicos,  comenzó a tener por las noches alucinaciones en forma de una pantera negra que se le echaba encima para devorarlo. Una de las noches, otro de los ocupantes de las ruinas de la torre, harto de los sobresaltos a medianoche, sacó una vieja pistola y comenzó a disparar a la imaginaria pantera del otro amigo. En la oscuridad de la noche los disparos rozaron la cabeza de Joyce que huyó despavorido de la torre aquella misma noche con su maleta, en la que ya llevaba unos primeros esbozos de la que poco después sería su primera novela: "Dublineses" (Dubliners), serie de quince relatos cortos dedicados a la gente de Dublín,, que apareció finalmente en 1914, pues muchos editores rechazaron inicialmente su publicación por la crudeza con la que describía a sus propios paisanos y a su país. Y curiosamente, en la misma Torre Martello arranca su novela más conocida y celebrada, Ulises.

Reconstrucción  actual de la estancia de Ulises en  La Torre Martello


Hoy día, parece  ser porque no lo visitamos,  un  típico "Museo Trampa" al modo  británico. Sin tener mucho  que ofrecer  ha sido convertido  en lugar de peregrinación para los amantes literarios de Joyce y en museo temático (7'10€ de entrada). Sus piezas más relevantes son primeras ediciones de libros, un chaleco, una guitarra, una petaca y un bastón de James Joyce. Mucha fotocopia y algún original en sus cajas de metacrilato con barómetros. La estrecha escalera asciende al cuarto donde posiblemente se alojó Joyce y decoran con una pantera negra de porcelana para evocar el episodio del que hablé más arriba. Hoy día...





Ajenos a todo esta turbulenta y literaria historia de la vida de Joyce, una joven irlandesa lee plácidamente en un terraplén al borde del mar  (tal vez,  quien sabe,  el Ulises de Joyce)  y una familia   juega a volar una cometa más abajo, en el espigón del puerto, frente a Ireland Eye's, isla a la que por cierto  los músicos del  grupo del camello  de los años 70 conocido como  Camel  (aún conservo a buen recaudo las dos cintas de casete de  su álbum  Mirage)   le dedicaron un bello tema del mismo nombre. San Youtube me echa un cable con esta buena versión acústica de su tema "Eyes of Ireland"", no está mal para cerrar un post sobre  crónicas insulares, viajeras y literarias ...

 

Cuya letra traducida,  para quienes somos poco duchos en la lengua de Shakespeare, dice así:


Escuchad ahora chicos,
dijo mi abuela -
os contaré una historia y
entonces os acostaréis.
Hubo un tiempo en el que
vivíamos fuera de nuestra tierra.
Fueron tiempos duros,
y todos nos dejamos la piel en ello.

Pero los vientos soplaron nuestras vidas,
y dispersaron nuestras semillas.
Cambiando el paisaje,
de flores a maleza.
Ved en el cementerio
las familias que se fueron.
Las más grandes lápidas
les recuerdan...

Cuando vosotros salisteis del Puerto,
fueron vuestras últimas vistas de Irlanda.

Cuidamos el fuego,
y las llamaradas se apaciguaron,
las llamas nunca se apagaron
hasta que tuvimos que marchar.
Y cuando nos hubimos marchado,
la casa se vino abajo
y cubrió las huellas
que dejamos en el suelo.

Cuando vosotros salisteis del Puerto,
fueron vuestras últimas vistas de Irlanda.

Mis ojos están ahora cansados
y no verán para mucho.
Pero las imágenes de Irlanda
aún siguen en mí.

Así que venerad vuestro pasado
en los cuartos de vuestro corazón
y nunca estaréis vacíos
de amor cuando partáis.

Cuando vosotros salisteis del Puerto,
fueron vuestras últimas vistas de Irlanda.


 .
Bueno, esta es la breve  pero curiosa historia encadenada de estas pocas fotografías.

jueves, 5 de junio de 2014

Arte contemporáneo en la chatarrería y otras historias


Fotografía de Agustín Muñoz Luna vía Las aventuras de Neme


La otra noche vi como unos chatarreros estaban  afanados en meter dentro de su carrito de supermercado unos retorcidos herrajes  de la construcción, que -vistos con una mirada "artística"-  me recordaban en cierta "forma" a una conocida obra de Chillida, "El peine del viento". Y  me vino entonces a mi memoria un sonado suceso de hace algunos años, el robo de obras de arte  contemporáneo más importante jamás ocurrido en España. Más de treinta  obras entre las que se encontraban nada más y nada menos que algunas piezas de  Picasso, Chillida ,  Botero y  Saura. Vamos,  que una "joyita" en términos de valor artístico y sobre todo,  monetario en el mercado negro (o blanco) del arte .  La cuestión es que -sorprendentemente- desaparecieron sin dejar rastro  en su traslado desde la cuidad alemana de  Colonia hasta Madrid. Dichas obras, por lo que he podido indagar,  pertenecían a diversas galerías de arte de Madrid y Barcelona. Su desaparición tuvo lugar en los mismos almacenes de la empresa encargada del transporte  y custodia de dichas obras. Parece se que en el almacén donde se recogían las obras, dejaron el furgón aparcado  ¡¡ con las llaves puestas !! Lo que pasó a continuación no lo diré hasta el final de post por aquello de obligar  a mis náufragos insulares a continuar leyendo, que ya saben que me gustan las historias, que no la Historia,  del arte.

"Peine  del viento" La Concha, San Sebastián , obra de Eduardo Chillida


Ya,  robos de obras de arte ha habido muchos, algunos muy sonados como aquel famoso de La Gioconda en el Louvre, donde hasta el mismísimo Picasso aliado con su "troupe" parisina  estuvo supuestamente implicado y de cuya historia hace no mucho el cineasta  Fernando Colomo hizo una película : "La Banda Picasso". Lo conté tiempo atrás por aquí.



¿Y qué decir del robo en Oslo de famoso cuadrito   "El Grito" de Edvard Munch robado al menos dos veces (creo que 3)  en menos de 10 años?  Lo ladrones en el primer robo dejaron una nota que decía "Gracias por la falta de seguridad". Ahí queda eso.

O aquel otro sonado robo en el domicilio de las  empresaria y millonaria Esther  Koplowitz en Agosto de 2001 cuando le fueron sustraídas obras de  Brueghel, Goya,  Pisarro,  Sorolla  y otros reconocidos y cotizados artistas. En aquella ocasión los ladrones reconvertidos para la ocasión en traficantes de obras de arte, cayeron rápidamente en manos de la policía al cometer errores de aficionados en el tema del lucrativo  mercado del arte.

O en otro sentido, no ya del robo sino de la intervención artística sean museos y galerías, vulnerando las medidas de seguridad como hiciera el popular  y esquivo artista urbano,  Banksy al  colarse en algunos museos y colgar sus propias obras en ellos, siempre críticas con el "estabilismen" del arte. Este artista ha abierto la "veda" y otros también han seguido su  estela poniendo en tela de juicio no solo la seguridad sino también ciertas cuestiones en relación a la "sacralización" y comercialización  de los espacios culturales.

Obra de Bansky 'expuesta' en el Museo de Brooklyn, Nueva York


Y volviendo a los chatarreros de mi barrio y al robo de las obras de Picasso, Chillida y compañía, al poco de ocurrir, se empezó a especular  si tras dicho robo se encontraban  bandas profesionales  e internacionales "expertas" en este tipo de robos que a modo de "mercenarios" eran contratados por esos nuevos magnates y capos del petróleo o las drogas,  ansiosos de colgar en sus mansiones estas obras tan deseadas. Pero la realidad fue bien distinta, nada de ladrones profesionales  y nada de bandas internacionales, pues a ninguno de ellos se le ocurriría como se le ocurrió a uno de estos ladronzuelos, vender una de las obras robadas  -una escultura en hierro de Chillida-  al  "peso" a un chatarrero de Getafe, la  misma  localidad en la que se cometió el  espectacular robo. Pues eso, hay muchos mundos y todos están en éste. El  del arte, el de los chatarreros y el de la gente de a pie.

                                                                  Chatarreros en Madrid

jueves, 26 de diciembre de 2013

No mires a lo ojos de la gente, Coppini

 Fotografía Vía El Diarios Montañés

Amanece con lluvia por estos lares cántabros, así que se presenta el momento propicio de  echar un vistazo a mis casi abandonados dominios insulares. La pasada Nochebuena alguien dejó de mirar a los ojos de la gente como no hace mucho otro grande  de la música dejó de caminar por el lado más salvaje de la vida.  Y mira por dónde,  me vengo a enterar que Germán Coppini López-Tornos (Santander, 1961),   el que fuera una de las voces más singulares de aquello que ahora  se conoce o etiqueta  como movida,  era de origen cántabro por parte materna y que  no era raro verlo frecuentar garitos santanderinos de culto como el Tony Curtis ( ahora llamado Urban Classic)  cuando éste lo regentaba su amigo y gran compositor Nacho Mastretta y que incluso se dejaba ver  esporádicamente tocando en locales  de Santander con  grupos como el  de su  hermano Ernesto ,  guitarrista de Las Manos de  Orlac, fundado por Mastretta.



Pero volamos (perdón, volvamos)  al Coppini que todo el mundo conoce, al poeta de la movida, al creador de himnos como "Malos tiempos para la lírica" , "No mires a los ojos de la gente" o "Cena recalentada".  Un nombre unido a la historia de la música pop española como fundador  y primer vocalista en 1982 de los míticos e irreverentes "Siniestro Total"  con  "¿Cuando se come aquí?"  de manos de la discográfica DRO ( Discos Radiactivos Organizados)  que puso a Galicia con un pie en la modernidad con  el tema ya casi himno after-punk de  los karaokes y resacas ochenteras de turno,  "Ayatolah"




un Coppini  que abandonaría el grupo casi en sus comienzos para unirse a Teo Carralda para formar otra gran banda , los Golpes Bajos y con ellos comenzar a mirar a  los ojos de la gente  diciéndoles que eran malos tiempos para la lírica y que la cena estaba ya recalentada en los escenarios de aquella movida . Como él decía en una entrevista en 2012 "....había un denominador común: no había reglas. Y si las había,  las saltábamos a la torera, eso era lo excitante"

Portada original de "A Santa Compaña" de Ceesepe


Un  Coppini que  siguió componiendo y sacando discos desde entonces, cuando el grupo - como muchos de entonces- solo fue una bocanada de aire fresco y poesía- en el  sismógrafo musical delos 80, disolviéndose unos años después. Un Coppini que incluso quiso probar fortuna en la política presentándose a las elecciones generales  en las listas del partido Republicanos.  Un Coppini que acababa de publicar un nuevo disco  donde interpreta  a grandes clásicos de la  música latinoamericana más comprometida en su album "América Herida" (gracias Jacinto por la puntualización) . Precisamente,  el pasado 14 de octubre en la Sala Galileo Galilei  de Madrid tocó temas de ese disco. Genio y figura.

Por lo que a mi respecta, los ecos de la movida me pillaron casi con legañas en Sevilla, aterrizando del pueblo y  dispuesto a estudiar  Bellas Artes. Los amigos,  la radio,  las fiestas y programas de televisión de aquellos años como "Musical Espress" o  "La Edad de Oro" nos abrían los ojos a todo lo que se cocía más allá de Despeñaperros. Precisamente vi el programa donde por primera vez les escuché, como no, en la Edad de Oro



En definitiva,, un candidato inmaterial y sentimental  más  para  mi museo imaginario. Descansa en paz, Coppini. Siguen siendo malos tiempos para casi todo....pero desde esta Nochebuena, también para la música por tu marcha y porque ya no mirarás a los ojos de la gente ni tendrás que comer la cena recalentada...

martes, 17 de diciembre de 2013

#Poema27 Carta a Josefina Manresa (1939)



Buscando y buscando algo diferente con lo que participar  en #poema27, la  nueva y gran iniciativa literaria de Toni Solano con la que  homenajear  a través de Twitter a los poetas pertenecientes a la Generación del 27 que rindieron tributo a Luis de Góngora en el año 1927 en el Ateneo de Sevilla , encontré este estremecedor documento:  la carta que el poeta Miguel Hernández  escribió desde la cárcel el 12 de septiembre de 1939 a su compañera Josefina Manresa. Hace algún  tiempo publiqué aquí mismo un fragmento de la  misma  en un impresionante documento videográfico recitado por él mismo ilustrado con imágenes de archivo,    pero por desgracia.ya no está disponible,  así que transcribo íntegramente  la carta. Difícil, muy difícil no emocionarse:

A Josefina Manresa (Madrid, 12 de septiembre de 1939)


Mi querida Josefina:

Esta semana, como las anteriores, llega martes y no ha llegado tu carta. También empiezo a escribir ésta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme. 

Prefiero lo primero y así no hago más que eso, además de lavar y coser con muchísima seriedad y soltura, como si en toda mi vida no hubiera hecho otra cosa. También paso mis buenos ratos espulgándome, que familia menuda no me falta nunca, y a veces la crío robusta y grande como el garbanzo. Todo se acabará a fuerza de uña y paciencia, o ellos, los piojos, acabarán conmigo. Pero son demasiada poca cosa para mí, tan valiente como siempre, y aunque fueran como elefantes esos bichos que quieren llevarse mi sangre, los haría desaparecer del mapa de mi cuerpo. ¡Pobre cuerpo! Entre sarna, piojos, chinches y toda clase de animales, sin libertad, sin ti, Josefina, y sin ti, Manolillo de mi alma, no sabe a ratos qué postura tomar, y al fin toma la de la esperanza que no se pierde nunca. Así veo pasar un día y otro día, esperanzado y deseoso de correr a vuestro lado y meterme en nuestra casa y no saber en mucho tiempo nada del mundo, porque el mundo mejor está entre tus brazos y los de nuestro hijo. 

Aún es posible que vaya para el día de mi santo, guapa y paciente Josefina. Aunque yo, la verdad, creo que estos amigos míos llevan las cosas muy despacio. Han estado de vacaciones fuera de Madrid y han regresado esta semana pasada. No han podido venir a verme porque ahora es imposible para todo el mundo. Es casi seguro que los veré la semana que viene. Me decías en tu anterior que guardara la ropa cuanto pudiera. No te preocupes, que si no tengo ropa cuando salga, con ponerme una mano en el occipucio y otra en el precipicio, arreglado. Así y todo procuro conservarla y uso la más vieja y todo son cosidos y descosidos y ventanas por todas partes. El pijama se me ha roto y le he puesto un remiendo que es media camisa, porque se me veía toda la parte de atrás y era una verdadera vergüenza.

 Por lo que a mí me pasa, me figuro lo que os pasará a vosotros y como esto siga así, me veo contigo como Adán y Eva en el Paraíso. ¡Ay, Josefina mía! No nos queda otro remedio que aguantar todo lo malo que nos viene y nos puede venir, para el día que nos toque aguantar lo bueno. ¿Verdad que llegará ese día? Yo nunca he dudado de que llegará y de que seremos más felices que hasta aquí hemos sido. Esta separación nos obliga a respetar a nuestro Manolillo más que respetamos al otro. Manolillo del que no dejo de acordarme nunca. Dentro de un mes hará un año que se nos murió. Eso de que el tiempo pasa de prisa, para nadie es más verdad hoy como para nosotros y a mí me cuesta trabajo creer que ha pasado un año desde que cerró nuestro primer hijo los ojos más hermosos de la tierra. Dios, a quien tú tanto rezas, hará que el día diecinueve de octubre lo pasemos juntos, si no hace que lo pasemos el día ventinueve de este mes. No quisiera pasar, ese día lejos de ti. Iremos a dar una vuelta al campo y si tú eres decidida, visitaremos la tierra donde nos espera. Tengo ganas de hablar contigo. La otra noche soñé a Manolillo ya con cinco o seis años de edad. Cuídalo mucho, Josefina que crezca fuerte y defendido contra toda enfermedad. 

Cuando te sea posible come mucha fruta y mucho vegetal, principalmente patatas. Es lo que más conviene a tu salud y a la de nuestro sinvergüencilla. No me dices muchas cosas suyas. Supongo que ya hablará más que un loro. Si supieras que ganas tengo de oír su voz: se me ríen los huesos sólo de imaginarla, con que mira lo que me voy a reír el día que la oiga de verdad. Dime el peso que tiene, que no lo has pesado hace mucho tiempo. Estoy enfadado con Manolo y con las Marianas, a ninguno de los cuatro se les ocurre escribirme unas letras. No se acuerdan de mí, que no los olvido. Dime también algo de la abuela y la tía, que tampoco me han mandado una sola letra (...).
Bueno. Voy a dejar el lápiz y a esperar tu carta, a ver qué me trae de bueno. Nada. Hoy no recibo carta tuya. No me gusta que te retrases en escribirme. Vaya plantón que me he llevado al pie del que vocea el correo. No hay derecho. Espero que me digas algo de nuestra familia de Orihuela, de mi madre especialmente y de la de Pepito. Anteayer he recibido una carta de un amigo de la huerta, Trinitario Ferrer, muy amigo de mi hermano y me dice que se ve con él todos los días. Di a Vicente que le diga que por ahora no puedo contestarle, pero que me alegra mucho saber de él. Voy a terminar mi carta diciéndote que seas menos perezosa conmigo o de lo contrario no te voy a escribir en un mes. Y nada más porque no parezca larga ésta a la censura y porque hagan todo lo posible para que llegue a tus manos.
Manolillo: adiós, un beso ¡pum! Otro beso ¡pum! Otro, otro, otro, ¡pum, pum, pum!
Manolo: escribe, dejando a un lado por un rato las barbas y las perezas.
Marianas: a ser buenas y a pelearos una vez a la semana solamente.
Josefina: recibe para ti y para nuestro hijo y para nuestros hijos mayores el cariño encerrado y empiojado y ... perdido de tu preso
Miguel.
¡Adiós!'

Fuente:  http://mhernandez.narod.ru/1939.htm

martes, 15 de octubre de 2013

Inventario de esplendores

Mientras me pienso si dar un descanso temporal a este espacio insular para retomar viejos proyectos e iniciar otros nuevos, no he podido resistirme a escribir una nueva  o penúltima crónica  inspirada en  algo que leí hace tiempo y que me apetecía escribir.  Me refiero a un entrañable y ameno librito de Jean Hamburguer titulado  "La miel y la cicuta" publicado por la mítica colección "Breviarios" de  la editorial mexicana  Fondo de  Cultura Económica,  un fabuloso "inventario de las condiciones  en las cuales tenemos que vivir".

En uno de sus capítulos habla del inventario de esplendores que es la naturaleza y de un concepto en especial tan frágil como maravilloso:  la belleza. Y a continuación nos habla del arte como uno de los mayores esplendores que ha concebido la imaginación humana.

De la serie de las "Constelaciones" de Joan  Miró

Y  retomado el hilo y recordando cosas escritas como La belleza del  Polen o  más recientemente, Sobre  salamandras, orugas y esfinges quisiera poner solo  una pincelada más de este inmenso y maravilloso inventarios de esplendores  y crónica de asombros que  encontramos en la naturaleza y no siempre tenemos los ojos limpios o aclarados  para apreciarlos en su conjunto . No es la primera vez  que hablo de mariposas, pero esta vez quisiera detenerme en un supuesto, entre muchos otros posibles.  Hay más de 10.000 especias de mariposas y si una de ellas desapareciera nadie lo notaría.  De  hecho cada día desaparecen especies de todo tipo en el mundo a raíz de  toda la basura y contaminación generada por el hombre. Así como la desforestación   y reducción de sus hábitats naturales causa en los animales dolor, sufrimiento y la muerte de millones de individuos. Muchos irán desapareciendo irremediablemente en las próximas décadas sin que podamos hacer nada  o bien poco por salvarlos, a pesar de los esfuerzos de las asociaciones y colectivos ecologistas.. El precio del  progreso es doloroso y traumático para el mundo animal. Es demoledor y cada día que pasa es un drama en algún lugar del mundo y por desgracia,  no solo para el mundo animal. Guerras e las que mueren miles de personas inocentes, migraciones de personas en busca de un futuro mejor que suelen acabar con sus esperanzas en el fondo del mar como el  triste y reciente  suceso  en Lampedusa, desastres ocasionados por la negligencia y avaricia del hombre y tantas otras calamidades de las que somos causa y efecto.

Fotografía vía Observando la naturaleza

Pero quisiera no desviarme por el planeta mundo  y volver a la  "modesta" desaparición de una sola especie de mariposa,  tal vez incluso ciertas personas se alegrarían  si se trata de una especie que causa daño en los campos. Me viene a la mente una especie en concreto que tal vez la gente conozca o haya visto alguna vez. En su forma de oruga es un vistoso ejemplar de un llamativo color verde pistacho claro, cuyos anillos de un negro aterciopelado, están punteados de manchas amarillas o anaranjadas, casi del color del azafrán. De ella nacerá otro ser no menos espectacular y bello, el  macaón o mariposa del hinojo (papilio machaon)  que a buen seguro habéis visto revolotear por jardines o campos.

Fotografía vía Naturateca

Si alguna vez la habéis observado con detenimiento recordaréis  ese inventario de esplendores concentrado en esas diminutas alas  entonadas de un bello amarillo claro y  ribeteadas de  un  profundo negro,  salpicado de motitas también amarillas, como polvo de oro;  en  esos cinco ocelos en las alas posteriores, de un intenso azul aterciopelado enmarcados en franjas negras como un vitral de Matisse;   en las manchas de color carmín que anteceden al bello ápice punteado del borde de las alas; en las gráciles antenas dignas de un trazo lineal del mejor Miró, en ...en definitiva un objeto admirable, digno de provocar la emoción de la belleza, esa  belleza efímera que hace  estallar hermosos haikus en los grandes poetas japoneses  del género y  humildemente en este  aprendiz en Haikus (o casi) al vuelo, esa belleza que solo el arte puede recoger como testigo, de la certidumbre de estar en presencia de una perfección formal en la  cual no puede cambiarse ningún detalle sin causar un daño irreparable.

Y como dice el mismo Hamburger,  "la historia del arte es la de un milagro permanente de la libertad humana. Sonidos, palabras,  formas creadas íntegramente cambian los colores de la vida, tiene la capacidad de hacer nacer un sentimiento singular y propiamente  humano, el sentimiento de admiración".

Así que,  con el mismo sentimiento de admiración  hacia el arte y la belleza con que un día esta Insula Dulcamara emergió, también despido hoy este post y dejo que cuanto he escrito repose y sea  reposo de mis muchas admiraciones y asombros, para quien quiera detenerse o sacudirse por un momento del polvo de la rutina.
No dejen de asombrarse...