domingo, 7 de diciembre de 2008

La trompeta de Chet Baker


Los canales del Singel
fluyen con triste sordina,
como en aquella mañana plomiza de mayo,
la trompeta de Chet Baker
quedo huérfana y muda
en una habitación del hotel Prins Hendrik.
No hace mucho que estuve unos días en Amsterdam. Una de las tardes, paseando por los bellos y tranquilos canales del Singel, me acordé del viejo Chet, el trompetista Chet Baker. Veinte años atrás y aquel fatídico día 13 de mayo de 1988, quizá viejo y hastiado del mundo, quizá perseguido y hundido por los pleitos y las drogas, el que fuera el más arrobador de los galanes del jazz, se suicida arrojándose desde la ventana de su hotel y con él, su inmenso talento y  su peregrinaje por Europa. Ni siquiera  tiempo para ver el documental sobre él  "Let's get  lost" que ese mismo año filmara en Londres  Bruce Weber, una cinta que fue nominada al Óscar en 1989  y que llegó a Cannes rodeada de una expectación a la altura de la sombra que Chet Baker arrastraba tras él.



Baker  pasó antes por Milán, Roma,  Londres,  París, Barcelona.  En todas las ciudades se encuentra con problemas debido a su adicción, conocida de todos. El mismo  lo reconocía en una de las 123 páginas que dejó escritas con fragmentos dispersos de su memoria “que por aquella época consumía 10 gramos de heroína y otros 10 de cocaína al día". Algunas actuaciones tienen que ser canceladas o aplazadas. Se mete en líos e incluso sufre alguna que otra paliza a manos de traficantes y camellos.


Hablamos de principios de los años sesenta y por Europa conseguir droga parece incluso más sencillo. Los arrestos se ponen a la orden del día en la vida del cantante. Maderos que buscan fama, policías que obligan a enseñar los brazos en la puerta de los clubes...
Una placa  en una plaza cercana al Hotel nos recuerda que Baker estuvo allí...



Compuse esta minihistoria poética a partir del recuerdo de aquella fugitiva experiencia, tan fugitiva como la voz susurrante de Chet. "Canto y toco como si fuera la última vez", dijo en una ocasión. Me acordé de su trompeta...en su gastado ataúd de piel.



Y para cerrar el post, nada mejor que con la voz y la trompeta de Chet en 1964. Me gusta pensar que mientras Chet Baker actuaba en algún lugar de Bélgica, yo estaba viniendo al mundo en otro lugar, Time After Time


Dedico este post a los amigos de Minificcionario (donde ya publiqué una serie de tuits sobre el jazz ) y en especial a Javi, por la entusiasta dedicatoria que allí me dejó y porque en parte es "culpable" de que esta isla esté en el mapa.
(Fotografía: del autor)

3 comentarios:

Javi dijo...

Magnífica entrada Manuel. Ahora comprendo mucho mejor aquella minificción, estar en el lugar de los hechos, ser un entusiasta del jazz como tú eres, daban para escribir aquella entrada y mucho más.
Felicidades y muchísimas gracias por nombrarme. Sigue mimando así el blog, llegará a ser algo estupendo.
Un abrazo.

Ángel Encinas Carazo dijo...

Otro gusto compartido. La música de Chet Baker está por encima del tiempo, se confunde con el perfume de lo mejor del siglo pasado.
Encantado de seguirte el rastro. Un abrazo.

Olga A. de Linares dijo...

Pues además de felicitar al autor, habrá que agradecer a Javi ese empujoncito, que sirvió para colocar en el mapa de la imaginación esta bella isla.