sábado, 27 de diciembre de 2008

La noche estrellada. Un poema.



Las estrellas que vemos en el cielo
son espejismos de soles
que nunca, nunca veremos.

Las estrellas que vemos
nos recuerdan que son resplandores
que en la larga noche del cosmos
se perdieron.

Las estrellas que vemos
son luz y recuerdo
del sueño de millones de soles ardientes
que brillan , orbitan y mueren
en el agujero negro del tiempo.

Sin retorno posible a sus fuentes
las estrellas que vemos
llenan de luz
el vacío del firmamento
y por qué no, coreografían
con sus constelaciones
también el destino incierto
de nuestros sueños.

Si las consideras,
O lo que es lo mismo,
si te fijas y hablas con ellas
tanto desgaste y tanto viaje
les habrá valido sobradamente la pena.

Las estrellas que vemos
¿Podemos decir que brillan cuando nadie las mira?
¿Podemos decir que al mirarlas es cuando las hacemos brillar?
¿Podemos decir que al verlas
millones de millones de soles
-que nunca, nunca veremos-
brillarán
por sus ausencias?

En algún tiempo y lugar
el majestuoso Sol que aún vemos
brillará como una más,
como una diminuta y lejana estrella más
en la esquina del tiempo.
¿Es importante saberlo?
Nunca,
nunca lo sabremos.


Hace tiempo que no escribía un poema. Siempre me defendí mejor con la pintura o con la prosa. El hecho de probar suerte con los haikus y metaforismos me han animado a hacerlo. Y he querido inspirarme en esa gran obra de arte que es “La noche estrellada” de Vincent Van Gogh, para dejarme llevar por el ondulante movimiento de sus insuperables vórtices azules y amarillos. Quise imitar el ritmo y la fuerza plástica de la pintura jugando con las palabras, que fuesen y viniesen líbremente, que brillasen con luz propia, como posiblemente brillaron las estrellas ante los ojos limpios y asombrados del pintor holandés, que en su malograda existencia tuvo que lidiar con la peor de las oscuridades, cargar en silencio con la mayor parte de la locura de su tiempo. Por suerte - o por desgracia- pudo pintar ese silencio.

(Dedico este poema a l@s navegantes que en estos días de luminarias y excesos navideños se hayan tomado el tiempo de desviarse de sus rutas para contemplar sin prisas el cielo estrellado de Ínsula Dulcamara. )

3 comentarios:

Nieves Diego dijo...

quizás tenias que alejarte de otras luces para que surgiera ese alma de poeta -gran sorpresa!!!!- que me ha dejado sin habla, mientras lo leia, esperaba ver el nombre del poeta al final, alguno conocido, y si, conocido es, aunque no famoso, jeje

Montse dijo...

Gracias por la parte que me toca.Te deseo lo mejor para el nuevo 2009 que espero seguir compartiendo contigo en alguna medida. Un abrazo, Montse

Lucía dijo...

Hola Manuel. ¡Qué momentos más gratos he pasado admirando los contenidos de Insula Dulcamara! Desde el nombre hasta la última palabra no tienen desperdicio. Ya tienes una nueva lectora.
Feliz año nuevo
Lucía