miércoles, 15 de diciembre de 2010

Morente, el último quejío de vanguardia



Si el otro día me las prometía felices escribiendo un post sobre la deuda que la UNESCO tenía para con el flamenco, declarándolo Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, hoy escribo un quejío triste porque nos ha dejado un grande del flamenco, un genio de la talla de Enrique Morente, artista único y experimentador infatigable que ha sido capaz de conducir el flamenco y el arte por sendas que tardarán años y años en ser recorridos y explorados, un artista que ha sido capaz con oficio y con verdadero genio de luchar a contracorriente en un país que desde la ortodoxia flamenca más "taxidermista" y rancia (@mappo dixit) lo ha criticado sin piedad. Pero afortunadamente , admirado por propios y extraños dentro y fuera de nuestras fronteras. No es de extrañar pues que haya acercado su música a tantos artistas y tantos artistas han sentido deseos de tocar con él. La lista es larga, desde el mismísimo Leonard Cohen, hasta el guitarrista Pat Metheny, pasando por Sonic Youth, Amaral, el grupo indie Los Planetas, Carlos Jean, Sr. Chinarro o el músico de rai, Cheb Kalhed, entre otros artistas.

Definitivamente si el flamenco tuviera su "picasso", éste tendría el nombre de Enrique Morente. Si no, como dice el amigo tuitero Javier G. Valdivia, ¿A quién se le ocurriría juntar en un estudio y grabar un disco con letras del poeta Garcia Lorca, granaíno como él y con las de otro poeta y cantautor canadiense como Leonard Cohen y tener encima el atrevimiento de hacerse acompañar junto a las exquisitas guitarras flamencas de Vicente Amigo o Cañizares nada más y nada menos que con el grupo de trash-metal también granaíno Lagartija Nick ? Pues eso es lo que hizo con el disco Omega en 1996. Y como dice el amigo Javier, "diganmé si eso no es arte..."

"Si pudiera encontrar alguna manera de colaborar con un artista tan grande como Enrique Morente, sería maravilloso. Si mis canciones fueran traducidas al flamenco me sentiría muy conmovido". Leonard Cohen
.

Caminos de experimentación que le han llevado a cantar incluso textos inéditos del mismísimo Picasso (Pablo de Málaga, 2008) . Artista infatigable que ha dedicado prácticamente todos los años de su vida a recorrer los caminos del flamenco y abrir otros. Ya su en primer disco en 1967 bajo el escueto título de "Cante Flamenco" y con la guitarra de Félix de Utrera, rompe con los cánones al uso , aún dentro del clasicismo más resuelto, por su impronta personal y por su repertorio que no era moneda de cambio en ese momento.

En lo sucesivo, las grabaciones de Morente seguirán mostrando su inquietud cantaora y su vena creativa junto a las guitarras de Niño Ricardo, Perico del Lunar, Parrilla de Jerez, Manzanita, Paco Cortés, Tomatito, Manolo e Isidoro Sanlúcar, Enrique de Melchor, El Bola, Paquete, Montoyita, Sabicas Luis y, sobre todo, Pepe Habichuela. Es decir, un artista que conoce como nadie los secretos y las raíces más profundas del flamenco más puro y genuino, pero que no quiso conformarse con los caminos trillados, con la ortodoxia,....quiso ir siempre un paso más allá, tendiendo manos y puentes.
Su andadura ha estado marcada por su inquietud artística y social, comprometido con su tiempo, siempre abierto al diálogo con otras tradiciones musicales y atento a la introducción de los grandes poetas de la literatura española (Hernández, Lorca, Cernuda, etc.) en los textos de sus creaciones. Impresiona ver su coherencia artística e innovadora, atrevimiento y diversidad de registros, como esa coherencia que le ha llevado, en más de una ocasión, a asumir el riesgo de poner en escena proyectos y espectáculos en los que su participación, lejos de limitarse al cante, se extiende a los papeles de productor, director e intérprete dramático. Así, a mediados de los sesenta, Morente participa en el montaje de "La Celestina" junto al pianista Antonio Robledo. Poco después crea el ballet "Obsesión", estrenado por el Ballet Nacional de Canadá. También junto a Antonio Robledo crea la "Fantasía del cante jondo para voz flamenca y orquesta", estrenada en el Teatro Real de Madrid en 1986, con las guitarras de Juan Habichuela y Gerardo Núñez y la Orquesta Sinfónica de Madrid. En 1988 estrena en el Festival de Granada su audaz "El loco romántico" basado en "El Quijote"; y en 1990, en la Bienal del Flamenco de Sevilla su "Allegro Soleá". Ha compuesto la música de la obra de Martín Recuerda "Las Arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca". Ha trabajado con Miguel Narros en "Edipo Rey", y ha compuesto, entre otras la música para la película "La Sabina" de José Luis Borau.

Y está ese rara avis llamado Omega, del que ya hablé antes, que reconozco que cuando lo escuché por primera vez me quedé hipnotizado por su propuesta musical, un atrevimiento sin precedentes en el mundo del flamenco. En definitiva, para quitarse el sombrero, para rajarse la camisita blanca flamenca ante este genio y figura, artista que -le duela a quien le duela- entrará por la puerta grande del flamenco y del arte de los pueblos, pues como él decía, la música es su religión, la religión de los pueblos. Adiós, quejío, maestro...

Y para cerrar, esta maravillosa bulería a dúo con el músico argelino de rai Cheb Khaled incluida en el documental sobre su último trabajo "Morente sueña La Alhambra", recientemente emitido por televisión. Un lección de mestizaje y de acercamiento entre los pueblos a través del lenguaje universal de la música.